miércoles, 8 de agosto de 2012

Prevención del vacío existencial evitando el consumismo en los niños

Artículo de Alejandro de Barbieri.
La semana pasada se dieron a conocer las nuevas cifras vinculadas al consumo de drogas de los uruguayos. Según estos datos, los uruguayos bebemos más y fumamos menos que hace cinco años. El 25% de los consultados tiene una relación problemática con el alcohol (para que usted lo visualice mejor, más de 250.000 personas). Otro dato que surge es que los psicofármacos se han extendido como si fueran analgésicos dice el informe…
Para mí, no hay “como si”, son analgésicos directamente, calman el dolor, para éso se fabricaron y hay personas que sí los precisan y que son literalmente vitales para ellos
¿Pero qué nos ha pasado como sociedad, qué dolores que antes se resolvían en el seno familiar, o en la escuela y con amigos, ahora no se pueden resolver? Lo que pasó es que ya la familia no puede sostener los dolores que sostenía antes. Nosotros mismos, cada uno de nosotros no somos los mismos. El pediatra Aldo Naouri, afirma que el niño de hoy ha madurado biológicamente muchísimo, pero ha retrocedido psicológicamente. No es el mismo, es más inmaduro, frágil y dependiente, por lo tanto debemos retomar nuestro rol de padres, del cual hemos claudicado, para volver a reparar el psiquismo dañado  y poder dejar para el futuro niños más fuertes que no necesiten de analgésicos, si no cada vez toleraremos menos, y no se dará abasto con los centros para tratamientos para adicciones.
Toda esta introducción tiene como objetivo partir de lo que pasa actualmente para poder trabajar con nuestros niños, para ayudarlos a prevenir adicciones o una “vida de consumo” como dice Z. Baumann.
Vivimos una vida de consumo, desde que el niño nace lo empachamos de cosas, de regalos, de comida, de juguetes ya hechos y no dejamos espacio para el aburrimiento, para el silencio, para la creatividad
Niños empachados se podría llamar esta columna, por lo tanto nuestra tarea consiste en el “desempacho”, ayudar a que se desempachen. Empacho no es felicidad dice mi amigo y autor especialista en vínculos: Sergio Sinay. Asociar empacho a felicidad, es parte del camino que hace que el niño desarrolle poca o casi nula capacidad para tolerar la frustración.
Cuando éramos niños, en nuestra generación (aclaro que ya pasé los 40…) pedíamos la bicicleta para papa noel y esperábamos todo el año… ESPERÁBAMOS TODO EL AÑO. Esto ya no pasa, los niños no pueden esperar, o el propio padre no puede esperar, que es todavía más grave.
Y así los ejemplos que ustedes conocen y viven a diario, y yo también claro, no nos dan tiempo para esperar cuando ya estamos dándole de empachar al nene.
¿Cuál es el momento más feliz de un perro? ¿Cuando usted está por darle de comer, o cuando le da de comer?  ¡Cuando usted le está por dar de comer! Esa es la felicidad! los niños de hoy en día, deberían ser educados por docentes que no les den de comer, sino que “ le estén por dar de comer” durante todo el año. Entonces tendrá al niño “meneando la cola” igual que su mascota durante todo el año, “profe, profe, ¿mañana que vamos a hacer”?
Saber esperar, o como dice nuestro compatriota Drexler “amar la trama y no el desenlace” estamos educados  (o entrenados?) para amar el desenlace, con lo cual no podemos disfrutar el camino.
El niño que esperaba la bicicleta todo el año, tenía un sentido, un motivo por el cual llevarse bien con su hermano y estudiar para tener buenas notas para fin de año. ¡¡Tenía una esperanza!!
La educación basada en el “empacho”, es la base de la desesperanza de hoy en día, por lo tanto se expresa en el vacío existencial. Luego, cuando llegan a la adolescencia e incluso a la adultez joven, no saben qué quieren, porque no saben quiénes son ni a dónde van. Están desorientados. Necesitan “desempacharse”, para volver a desear.
El “empacho” incapacita para desear, para caminar y para tolerar las frustraciones que se presentan en nuestro caminar.
Comer para llenar el vacío.
Según un estudio patrocinado por el Centro de Control y prevención de enfermedades en EEUU, para el 2030 se pronostica un 42% de obesidad en EEUU.
Facundo Ponce de León, en su excelente artículo “Consumirse” (blog “filosofía y periodismo”), se desperdicia el 30% de los alimentos a nivel global. Parece inconcebible que se tire el 30% de comida en el mundo mientras al mismo tiempo hay desnutrición en tantos países. Yo le llamo a esto el “complejo Susanita”, en honor al personaje de Mafalda que dice siempre: “por suerte el mundo queda tan lejos”. Hacemos como si nosotros no viajáramos en la misma nave,, como si hiciéramos la vista gorda, el titanic se está hundiendo, pero seguimos en la planta alta, cenando como si  nada pasara.
El tema es que el agua está empezando a subir por el titanic, y la tierra está empezando a expresar que no puede más, que si todos los habitantes del planeta tierra vivieran como un estadounidense medio, se necesitarían cuatro planetas tierra para regenerar lo consumido en sólo un año. (Ver informe de la BBC, “planeta estado”)
¿Qué relación tiene todo esto con lo que venimos desarrollando en este artículo?
Pues tiene toda las conexiones que usted puede imaginar, ya que la obesidad es una de las manifestaciones del consumo, o de las vidas de consumo.
La gente está desorientada, está triste, entonces ¿qué hace? come y/o toma para llenar el vacío, o se embota de comida como si fuera el fin del mundo o como si no fuera a poder comprar o conseguir comida por semanas. Así razona el psiquismo de nuestros hijos y adolescentes hoy, no se alimentan, devoran.
Necesitamos entonces desarrollar estrategias de prevención desde niños y ya hay algunas medidas alentadoras, como el descenso en el consumo de tabaco, el sacar la sal de las escuelas etc., pero no es suficiente, todavía faltan medidas más fuertes a nivel educativo y familiar.
Volviendo al ejemplo de Aldo Naouri, nuestros abuelos se educaron en la sociedad de la pobreza, “crecían sabiendo que no se podía lograrlo todo, pero disfrutaban lo poco que se lograba”; nuestros hijos crecen en la sociedad de la abundancia, “no sé lo que quiero pero lo quiero ya”. Por esto afirmábamos que crecen en la desesperanza.
Debemos ayudarlos a que recuperen el entusiasmo por vivir. ¿Cómo?
Primero, siendo felices nosotros. Cuando los papás me preguntan en la consulta: “Alejandro, como hacemos para que nuestro hijo sea feliz”?, siempre les respondo: “siendo felices ustedes!”
¡No hay otra receta! Si yo logro transmitirle a mi hijo que soy feliz con mi pareja o solo, con mi trabajo o incluso si estoy desempleado transitoriamente, mostrando una actitud de resiliencia y de optimismo…, entonces mi hijo crecerá desde esa actitud de optimismo como punto de partida.
Pero debemos cerrar las bocas, sean de pasta base, de marihuana, de alcohol, desde que son niños en casa. Ejemplo:
Cuando nuestros hijos nos dicen, “papá, estoy aburrido, ¿qué hago?”
Si yo salgo desesperado a resolverle el aburrimiento y le digo “come algo”, o le digo “prende la TV”, ahí estoy tapando la boca del niño con algo externo, lo que a su vez “abre las bocas” a una probabilidad importante de consumo de droga en el futuro…
Si cada vez que se aburre, le digo “en esta casa hay dos horas de aburrimiento por fin de semana, no lleno yo su vacío, no tapo su boca, no lo empacho con comida, tv o cualquier pantalla, y logro o trato de lograr que el niño salga solo de su vacío, que transforme el aburrimiento , el vacío existencial en un vacío fértil, que es donde nace la creatividad.
Cuando hago eso, estoy cerrando posibles bocas de pasta base o de alcohol en el futuro
Estoy previniendo, estoy por lo menos haciendo algo diferente, salgo a jugar con el niño, pero no lo ayudo a tapar su vacío con algo externo, sino que le enseño a que él puede salir solo y por lo tanto fortalezco su psiquismo para que en el futuro, si se encuentra en una situación de consumo (que es seguro que se va a encontrar) esté más fortalecido para poder decir que no. Por supuesto que no es la única variable que influye, pero es una de las más importantes.
En resumen, no claudiquemos de nuestro rol, podemos todavía ayudar a que nuestros hijos transformen sus vivencias de aburrimiento en “espacios de creatividad”.
De esa manera lograremos que crezcan en la esperanza y que salgan de la situación de vacío que viven hoy que los lleva al consumo de alcohol como relata el estudio, o a las picadas en motos y en auto, para ver si se “sienten vivos.”
La analgesia vital que tienen no los hace sentir vivos; con una vivencia sencilla familiar o personal como: leer un libro, pasar la tarde con un amigo tomando mate o pescar pueden encontrar sentido porque ahí está la vida, en las pequeñas cosas cotidianas que nos recuerdan como decía Cortázar que “lo maravilloso puede darse, sin que haya una modificacion espectacular de las cosas”
¡A descubrir la maravilla!
Logotips:
Dos horas de aburrimiento por fin de semana…
Apagón familiar: una vez al mes, se corta la luz (casualmente…) y es una excusa para prender velas, desconectarse y jugar a las cartas.
Crear material desde la escuela y durante todo el liceo para trabajar emociones, actitudes, prevención de adicciones…
Seguir el ejemplo de la estación de servicio en San José que no le vende nada a motociclistas sin casco.

Libros recomendados:
Ante el vacio Existencial de Viktor Frankl
Sinay: La felicidad como elección.
Aranovich: ¿Quién nos robo el entusiasmo?
Baumann: Vidas de consumo.

Link: www.logoforo.com


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Publicado por Daniel Lavorano para Bibliópolis: la ciudad de Daniel...

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